martes, 26 de abril de 2011

Take 11

TOP

Ji Yong y yo estábamos en la oficina del presidente Yang Hyun Seok. Nos había llamado por lo ocurrido ayer. Se veía serio y a la vez decepcionado.

- ¿Qué pasó ayer y por qué lo hicisteis? – preguntó, pero ninguno de los dos dijimos nada – Sabéis que no apruebo esta conducta dentro de YG ¿verdad? – hizo una pausa – Vuestro contrato está a punto de acabar, de vosotros depende seguir siendo BIG BANG y de mi depende renovaros el contrato y si esto se vuelve a repetir y sigue este tipo de conducta podéis dar por hecho de que no lo haré, así que os lo dejo a vuestra elección. Os doy una semana para que penséis si queréis continuar. – Antes de que saliéramos del despacho añadió – Recordad todo lo que habéis  conseguido y lo que habéis luchado para conseguirlo.

Estábamos en la puerta de la YG esperando a la furgoneta, cada uno en un extremo diferente de la puerta.

- ¿Qué piensas hacer? – me atreví a preguntarle.
- Si tengo que dejar BIG BANG para no verte la cara de nuevo, lo haré. – dijo sin ni siquiera mirarme.

Taeyang

Cogió el coche, puso un disco con música variada y se fue a dar una vuelta por la ciudad. Cuando llevaba un rato conduciendo vio a Sun Hee a través de la ventana. Iba cargada con varias bolsas. Paró a un lado, bajó el cristal y pitó. Ella miró y se sorprendió al verlo.

- ¡Oppa! ¿qué tal? – dijo con una sonrisa.
- Muy bien ¿y tú? ¿A dónde vas con tantas bolsas?
- Bien también, gracias. ¿Esto? – dijo ella levantándolas – Es que aprovechando el día libre me he ido de compras. ¿y tú a dónde vas?
- A ningún lado, solo quería dar una vuelta – dije forzando una sonrisa – anda sube que te invito a algo. – necesitaba despejarse y estaba seguro que con Sun Hee lo lograría. Ella subió al coche.
- Y ¿A dónde vamos? – preguntó.
- Que te parece a la cafetería que han abierto nueva en el centro…
- Umm… pero tendremos que hacer algo para que no te reconozcan – entonces empezó a sacar ropa de las bolsas.

Cogió una bufanda de lana gorda de color rojo y se lo puso alrededor del cuello y luego le quito la gorra que llevaba y le puso uno de lana a juego con la bufanda, entonces se empezó a reír. Tenía que reconocer que era muy mona, cada vez que sonreía le salía un hoyuelo en la mejilla izquierda, tenía la piel muy blanca y lisa y el pelo largo y castaño. Me colocó bien la bufanda y me contagió la risa.

- Bueno, ya estamos listos para irnos – dijo y arranqué el coche.

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